
Bienvenidos a la décima lección de nuestra serie «UniversiTTy». En esta serie de artículos, te guiamos paso a paso por el proceso de diseño tipográfico. Por eso, te recomendamos revisar los artículos anteriores antes de adentrarte en este.
En la lección anterior, nos centramos en el desarrollo detallado de los caracteres en mayúscula. Ahora es momento de concentrarnos en las letras minúsculas básicas.
Tu profesora es Antonina Zhulkova, Diseñadora Principal en TypeType. Antonina lleva más de cinco años trabajando en diseño tipográfico. Es autora del concepto y diseñadora principal de proyectos como TT Neoris, TT Ricordi Allegria, TT Globs e Ivi Sans Display. También ha participado en la creación de fuentes como TT Fellows, TT Fors, TT Interphases Pro, TT Commons y muchas otras más.
Letras minúsculas
Las letras minúsculas se utilizan con mayor frecuencia, ya que son las más empleadas para redactar grandes bloques de texto. Por esta razón, suelen representar a toda la familia tipográfica: nos ayudan a formarnos una impresión general de la fuente. Por eso, te recomendamos prestarles especial atención. El proceso de diseño de las minúsculas es lógicamente muy similar al de las mayúsculas, ya que las etapas de desarrollo son las mismas en ambos casos. Sin embargo, las minúsculas tienen características propias que vale la pena considerar.

Históricamente, las letras minúsculas aparecieron más tarde que las mayúsculas y se distinguen por la aparición de las formas minúsculas. Estas letras comparten muchas similitudes en cuanto a lógica y proporciones, además de mostrar una influencia notable de la caligrafía: a diferencia de las mayúsculas, las minúsculas se escribían sobre papel y no se esculpían en piedra. Para mí, las letras minúsculas del alfabeto latino son un verdadero placer de diseñar. Detrás de muchas formas hay una lógica común, pero aun así existe un amplio margen para la creatividad.
Parámetros de las letras minúsculas
Al igual que con las mayúsculas, los caracteres clave al trabajar con minúsculas son «n», «o» y «v» (para alfabetos basados en el cirílico, se usa «н» en lugar de «n»). Antes de comenzar con el resto de los caracteres, es importante volver a las letras mayúsculas ya finalizadas y comparar con ellas las letras minúsculas básicas. En esta etapa también se recomienda revisar los bocetos y ajustarlos en función de los cambios realizados en las mayúsculas.


Como ya sabemos, las letras minúsculas siempre se dibujan más ligeras que las mayúsculas para mantener una densidad uniforme en el texto. Dentro de una misma familia tipográfica, esta diferencia se acentúa al pasar de estilos más ligeros a más pesados. Los grosores de las letras minúsculas deben coordinarse bien entre sí y armonizar con las mayúsculas.
Otro parámetro importante es la altura de las letras minúsculas y el tamaño de ascendentes y descendentes. Este aspecto influye tanto en la legibilidad del texto como en su carácter.

Los tamaños de los ascendentes y descendentes están estrechamente ligados a la altura de las minúsculas, por lo que es preferible trabajar en ellos una vez determinadas las alturas principales de las letras mayúsculas y minúsculas. Tras definir la altura base de las minúsculas, se debe pasar a establecer las alturas de ascendentes y descendentes.
En fuentes neutras, los ascendentes y descendentes suelen tener aproximadamente la misma longitud. Además, no deben sobresalir de manera evidente por encima o por debajo de las letras mayúsculas. La excepción es la letra «t», que históricamente presenta un ascendente más corto. En fuentes de exhibición (display), el tratamiento de estos elementos puede abordarse con mayor libertad.

Quisiera advertirte sobre el uso de ascendentes y descendentes excesivamente largos (esto puede encontrarse, por ejemplo, en fuentes de estilo antiguo o caligráfico). Al escribir textos con ascendentes o descendentes muy prolongados, es necesario asignar valores de interlineado bastante amplios para evitar que las líneas se superpongan. Sin embargo, una separación tan amplia entre líneas reduce considerablemente la legibilidad, ya que a nuestros ojos y cerebro les cuesta seguir el inicio de la línea siguiente sin perder el hilo de lectura.
Otro problema relacionado con ascendentes y descendentes largos puede surgir al exportar la fuente y utilizarla en determinados programas, como Microsoft Word u otros editores de texto. Cada letra ocupa una «celda» con una altura predefinida (por ejemplo, 1000 unidades por Em, como ya mencionamos). Muchos editores de texto solo muestran los contornos dentro de estas celdas, por lo que los elementos que se extienden más allá de los bordes pueden quedar recortados, aunque se sigan viendo correctamente en el editor tipográfico o en programas de Adobe.

Proporciones de las letras minúsculas
Al igual que con las mayúsculas, una vez definidos el grosor y la altura de las letras minúsculas, el siguiente paso es trabajar en sus proporciones. Como ya mencioné, las letras minúsculas tienen, desde un punto de vista histórico, proporciones menos dinámicas, pero eso no significa que todas sean iguales: también existen diferencias entre ellas. La lógica de sus proporciones debe estar en armonía con las mayúsculas para que, en conjunto, parezcan una unidad coherente. Por ejemplo, si las letras mayúsculas son estrechas, las minúsculas también deberían serlo.

Si dividimos los caracteres en grupos según su ancho, se pueden distinguir cuatro categorías que se aplican tanto a tipografías con serifas como sin ellas:
- Los más anchos: «m» y «w»;

2. Ancho medio: «o», «b», «d», «p», «q», «g», «a» (forma de un solo nivel), «n,» «h,» «u», «k», «v», «x», «y», «z»;

3. Más estrechos: «c», «e», «a» (forma de dos niveles), «r», «s»;

4. Los más estrechos: «i», «j», «f», «t», «l»;

Debes mantenerte dentro de estas proporciones básicas al trabajar con letras minúsculas. Sin embargo, el estilo de la fuente y su concepto visual pueden introducir variaciones, y conviene ajustarse también a esas decisiones de diseño. Las formas minúsculas que repiten a las mayúsculas («o», «c», «k», «s», «v», «w», «x», «z») deben seguir la misma lógica que las letras mayúsculas correspondientes. Para equilibrar el texto, estos caracteres repetidos se diseñan en proporción a los caracteres base «n» y «o», de la misma forma en que las mayúsculas se relacionan con «H» y «O».

Ahora, veamos una comparación entre las proporciones de las letras minúsculas en una tipografía con serifas para texto y una sans serif geométrica con proporciones dinámicas.

Al igual que con las letras mayúsculas, los caracteres en minúscula también pueden dividirse en grupos para abordarlos de manera integral (las letras «n» y «o» se añaden como referencia para comparar la coherencia, pero no es necesario incluirlas formalmente en el grupo):
- «n», «v», «o» — trabajo con los caracteres base, sus proporciones y grosores.

2. «n», «m», «u», «h», «r», «i», «j», «l» — trabajo con caracteres verticales y con arcos, analizando su relación entre sí.

3. «o», «c», «e», «a» (forma de un solo nivel), «b», «d», «p», «q», «g», «h» — trabajo con caracteres redondeados y con contraformas cerradas (bowls). Los caracteres redondos como «c» y «e» deben alinearse con «o», y los que tienen «bowl» («b», «d», «p», «q», «g») deben guardar coherencia formal y proporcional tanto con «o» como con los caracteres verticales con ascendentes y descendentes.

4. «v», «w», «y», «n», «x», «z», «h», «k», «x» — trabajo con caracteres de estructura triangular y con trazos diagonales.

5. «n», «a» (forma de dos niveles), «e», «s», «a», «g» (forma de dos niveles), «o» — trabajo con caracteres de doble nivel, sus proporciones y el espacio negativo interno.

6. «n», «i», «f», «j», «l», «t», «r» — trabajo con letras estrechas y elementos similares (terminales).

7. «a», «c», «e», «j», «f», «t», «s», «g», «y» (si tiene terminal), «r» — trabajo con la coherencia entre terminales.

8. «b», «d», «f», «h», «k», «l», «t» — trabajo con caracteres que presentan ascendentes.

9. «g», «j», «p», «q», «y» — trabajo con caracteres que presentan descendentes.

Como ilustración, se utilizan dos fuentes con proporciones distintas: una tipografía con serifas para texto, de proporciones relativamente estáticas, y una sans serif geométrica con proporciones dinámicas.
Rasgos esenciales de las letras minúsculas
Dividir los caracteres en grupos sigue siendo un enfoque algo abstracto que no permite abarcar todas las particularidades del diseño de los glifos en minúscula. Por eso, nos centraremos más en estos detalles específicos.
Caracteres con arcos: «n», «m», «u», «h» y «r»
Todos los elementos con arcos deben ser visual y proporcionalmente similares. Las letras «n» y «h» suelen tener el mismo ancho, mientras que la «u» se diseña con el mismo ancho o algo más estrecha que la «n», ya que su espacio negativo interior parece mayor debido a la apertura en la parte superior. La «m» es un carácter ancho, y el tamaño de cada uno de sus arcos debe ser menor que el ancho de la letra «n»; de lo contrario, la «m» puede parecer excesivamente pesada dentro del texto.
El diseño de estos caracteres debe mantener coherencia entre sí, ya que comparten la misma estructura base. La letra «u» puede ser una excepción en algunas sans serif geométricas, en las que se representa únicamente como un arco sin asta derecha. Esta forma, popularizada por la tipografía Futura de Paul Renner, sigue siendo utilizada hoy como un homenaje estilístico. En fuentes de exhibición (display), mantener este principio ayuda a lograr una apariencia más unificada del texto, aunque siempre debe respetarse la lógica visual del diseño general de la fuente.


Caracteres redondeados y caracteres con contraformas cerradas
Las letras «c» y «e» deben estar estrechamente relacionadas con la «o», y estos glifos deben compartir una forma circular idéntica (aquí hablamos de principios generales; en fuentes de exhibición las formas pueden variar). En tipografías neutras, estas tres letras son proporcionalmente similares, y su ancho disminuye progresivamente de la «o» hacia la «c»; la letra «e» se sitúa entre ambas y se aproxima al ancho de la «o». Esto se debe a la cantidad de espacio negativo dentro del carácter. La «c» presenta la mayor cantidad de espacio negativo debido a su forma abierta, y para compensar este «blanco» se le da más anchura. Además, los terminales de las letras «c» y «e» son muy similares en forma. Más adelante trataremos en detalle los terminales en los glifos en minúscula.

Al trabajar con tipografías con serifas, es importante tener en cuenta las reglas de distribución del contraste y los ejes ovales en las letras «c», «e» y «o» (el tema del contraste en las serifas se trató en la lección anterior). Estos parámetros están fuertemente determinados por el estilo de la fuente. Así, en tipografías con serifas de estilo renacentista o moderno, los ejes serán idénticos; mientras que en serifas de transición, pueden variar según el diseño específico. Es fundamental mantener una lógica coherente en todo el conjunto de letras mayúsculas y minúsculas, y compararlas con la letra «s», que también presenta un eje inclinado.

Todos los caracteres con contraformas cerradas deben armonizar con la «o», así como con caracteres con arco, ascendentes y descendentes, como la «h». Sus proporciones son más variables que las de las letras «e» y «c» y dependen de las proporciones generales de las minúsculas.
En las tipografías sin serifas, los «bowls» de las letras «b», «d», «p», «q» y «g» (de un solo nivel) suelen diseñarse con una forma idéntica. En cambio, en las tipografías con serifas, los puntos de unión entre el asta y el «bowl» (en la parte superior o inferior) difieren. Esto se remonta a la tradición caligráfica y depende del movimiento de la herramienta de escritura: cuanto más evidentes son sus trazos en el diseño, más notorias serán las diferencias en los puntos de unión. En las antiquas clásicas, estos puntos pueden ser idénticos, ya que este estilo tiende más a la construcción geométrica que al trazo manuscrito.
Las formas de los bowls de «b» y «q», «d» y «p» suelen ser imágenes especulares entre sí, o al menos lo aparentan (estas letras se reflejan tanto vertical como horizontalmente). En los pares «b» y «d», y «p» y «q», puede haber diferencias, según el enfoque del diseño. La letra «g» de un solo nivel presenta una contraforma más estrecha y situada en una posición más elevada con respecto a la línea de base, con el fin de aumentar el espacio negativo del glifo.

Otro detalle esencial que mejora la coherencia de la fuente es la relación entre los puntos de unión de las letras con formas ovaladas y aquellas con arcos. Si estos puntos están bien armonizados, todos los glifos se perciben de forma más cohesionada en el texto. Sin embargo, si se busca generar contraste visual entre estos dos grupos de caracteres, se pueden introducir diferencias deliberadas en dichos puntos.

Caracteres de dos niveles
Este grupo de caracteres es el más complejo de diseñar. Se les llama letras de dos niveles debido a su construcción, que puede dividirse verticalmente en dos partes. Las letras «a» y «g» se consideran de dos niveles, aunque también existen versiones de un solo nivel para ambas. Según su estructura y comportamiento visual, «e» y «s» también pueden asociarse a este grupo. Estos caracteres ofrecen una excelente oportunidad para destacar la personalidad y el concepto único de una fuente.


Las letras «a», «s» y «e» deben estar bien equilibradas en cuanto a la cantidad de negro, lo cual se logra mediante una compensación visual del grosor. Además, ambas partes del glifo deben compartir un carácter similar en cuanto al espacio negativo interno.
Estos glifos presentan múltiples características interrelacionadas. En primer lugar, las proporciones de «a», «s» y «e» son similares (la letra «g» encaja mejor con los caracteres de formas redondeadas, cuyas proporciones se basan en la letra «o»). En segundo lugar, estas letras también deben compartir rasgos estructurales.
El espacio negativo cerrado de las letras «a» y «e» y su parte abierta deben tener pesos visuales similares. Es decir, si la «a» presenta un bucle pequeño, entonces la parte superior de la «e» también debería ser bastante reducida

Las curvas de las contraformas cerradas de la «a», el eje curvo de la «s» y los bucles de la «g» pueden compartir formas similares para crear una rima visual coherente, aunque este aspecto depende del estilo general de la fuente. La forma de la letra «g», por ejemplo, puede diferir notablemente, al igual que el trazo medio de la «a».

La letra «g» de dos niveles es el carácter más complejo de toda la fuente, por lo que siempre requiere mucho trabajo y atención. Esta forma aparece con mayor frecuencia en tipografías con serifas, y por eso, para dibujarla correctamente, conviene estudiar ejemplos históricos que se ajusten al estilo que estés desarrollando. El principio fundamental de esta construcción es que un bowl superior más pequeño (que debe armonizar con la «o») se combina con un bucle inferior más grande. La forma de ese bucle puede variar: puede ser inclinado o vertical, cerrado o abierto. No olvides el «ear» u «oreja» de la «g», que también debe seguir la lógica visual del resto de los elementos en minúscula, como los terminales en forma de lágrima o las serifas.
Te recomiendo analizar el diseño de estas letras en distintas fuentes y reflexionar sobre las razones por las que presentan determinada forma. Esto ampliará tu comprensión sobre cómo se construyen estos glifos.

Las letras «f», «t», «l», «j» e «i»
Aunque son glifos simples y aparentemente básicos, estas letras desempeñan un papel muy importante en la composición tipográfica. La composición de este grupo puede variar según el estilo del glifo. Por ejemplo, si la «l» tiene un terminal, debe agruparse junto con «f», «t» y «j». Lo mismo ocurre con la «j»: su forma en fuentes con o sin serifas suele diferir del resto de los glifos, y esto es algo fundamental a tener en cuenta. Además, la forma de la «J» mayúscula suele compartir rasgos con su versión en minúscula, por lo que conviene analizarlas y diseñarlas en conjunto.

Las letras «f» y «t» deben ser similares en proporciones, forma y longitud de la barra transversal. Sin embargo, los terminales de estos glifos deben ajustarse a la lógica general de la fuente. La estructura de la letra «i» también puede variar dependiendo del estilo tipográfico: aunque su forma más común es la de un asta con un punto, también puede presentar barras horizontales, serifas monoespaciadas u otros rasgos distintivos.

Terminales
El tratamiento de los terminales en los caracteres en minúscula sigue el mismo enfoque que en las mayúsculas, pero requiere una mayor atención. El conjunto de letras latinas en minúscula incluye muchos glifos con terminales, y su coherencia influye de forma significativa en la estética de la fuente.
En las sans serif, las formas de los terminales y los remates de los trazos suelen imitar las formas presentes en los caracteres en mayúscula. Es importante observar la relación entre los terminales de los glifos en mayúscula y minúscula: analizar en qué medida son similares en carácter y función entre ambos juegos. Los terminales en las letras minúsculas deben ser más pequeños y discretos que los de las mayúsculas, con el fin de mantener el equilibrio del espacio negativo dentro de cada letra.

En tipografías con serifas, trabajar con terminales es más complejo. Como recordarás, los glifos en mayúscula suelen presentar serifas como remates de los trazos, mientras que en las minúsculas encontramos serifas y terminales en forma de lágrima. Estos elementos muestran una influencia notable de la herramienta de escritura, por lo que sus formas pueden variar considerablemente.
En fuentes basadas en clasificaciones tradicionales de tipografías con serifas, los remates de trazo con formas equivalentes se sustituyen entre ambos juegos de letras. Si una letra mayúscula tiene una serifa en el extremo superior de un trazo, lo más probable es que su versión en minúscula presente una lágrima (en alguna de sus variantes). Las excepciones a esta regla son las letras «s» y «z», que suelen tener serifas tanto en mayúsculas como en minúsculas.
Las formas en lágrima también presentan una gran variedad estructural: pueden ir desde una forma suave que simula un trazo de pluma hasta un círculo definido y limpio. En las fuentes históricas —y en las que se inspiran en ellas—, la herramienta de escritura determina directamente la forma del terminal. Las letras que comúnmente presentan terminales en forma de lágrima son: «a», «c», «f», «g» (en la forma de la oreja), «j», «r» e «y».

En las tipografías modernas, las formas de los terminales y las lágrimas se alejan progresivamente de la apariencia caligráfica y pasan a estar determinadas, en su mayoría, por la imaginación del diseñador.

También vale la pena mencionar que los caracteres en minúscula presentan una mayor variedad de estructuras de serifas en los extremos de las astas. En las mayúsculas, estas serifas suelen adoptar dos formas básicas —horizontal y vertical—, mientras que en las minúsculas, las astas con la misma función pueden terminar de distintas maneras. Esto se observa con claridad en caracteres con arcos, ascendentes y descendentes, como «n», «i», «h» o «u». Las serifas en la parte superior de la letra pueden tener forma de cuña, mientras que las inferiores suelen ser más rectangulares. Esta diferencia se debe a la tradición de la escritura caligráfica y a la influencia de la herramienta de escritura. Las formas de los remates de asta también están relacionadas con los modos históricos de escritura en letras como «a», «d», «u», «p» y «q», donde el terminal finaliza con una serifa distinta a la que aparece en la «n».

Al trabajar con serifas y terminales en tipografías con serifas, es fundamental reflexionar cuidadosamente cada decisión gráfica, teniendo en cuenta el propósito de la fuente y su dirección estilística.
Carácter del glifo
Las letras minúsculas básicas del alfabeto latino presentan un aspecto muy uniforme y coherente en el texto. Esto es el resultado de una larga evolución formal, que comenzó con la caligrafía y continuó con el diseño tipográfico.
La mayoría de los caracteres en minúscula se agrupan en tres categorías principales, con soluciones gráficas similares: glifos con arcos, formas redondeadas y formas triangulares. Esta lógica común de construcción simplifica notablemente el trabajo del diseñador de tipografías, pero también puede afectar negativamente a los rasgos distintivos de la fuente si no se gestiona con cuidado. Si deseas que la fuente sea más expresiva, te recomiendo introducir un matiz de display en una de estas categorías principales, cuya intensidad dependerá del uso previsto. Cada grupo contiene numerosos caracteres, por lo que incluso un pequeño detalle añadido puede transformar visualmente la composición tipográfica.
Este mismo enfoque puede aplicarse a las letras más utilizadas y que se repiten con frecuencia en los textos, ya que pueden aportar variedad al ritmo visual del texto. Puedes usar esta web para consultar la frecuencia de aparición de caracteres en distintos idiomas europeos.
La idea de la fuente es la piedra angular del diseño de glifos. Los principios de diseño deben actuar como soporte para materializar esa idea, no como una limitación para la creatividad.
Conclusión
En mi opinión, el diseño de glifos es el proceso más fascinante dentro del desarrollo tipográfico. Sin embargo, todas las demás etapas —preparación, investigación, planificación y abocetado— son igual de importantes. Estas fases permiten construir la base teórica sobre la cual se asentará la estructura de tus glifos.
Una vez diseñados los caracteres básicos en latín, aún queda mucho trabajo relevante por delante: pruebas, espaciado, ampliación del juego de caracteres y de la familia tipográfica, resolución de cuestiones técnicas, entre otros. Hasta ahora, solo hemos cubierto la primera fase de creación tipográfica.
Un consejo personal: no tengas miedo de volver a revisar los caracteres ya terminados, porque el proceso de diseño es continuo, y siempre es posible mejorar los rasgos visuales de tu fuente en cualquier etapa del desarrollo.
En el próximo artículo abordaremos el diseño de los caracteres cirílicos básicos. ¡No te lo pierdas! Por ahora, volvamos a nuestras dos tareas principales —la serif moderna y la sans serif para interfaces— y veamos cómo lucen los caracteres latinos básicos en estas dos fuentes. A partir de los símbolos ya dibujados, seguiremos desarrollando la idea hasta convertirla en una tipografía terminada.

