
Este artículo será diferente a los habituales. Si aún no lo sabías, te contamos: hemos lanzado un nuevo proyecto para todos los que aman las fuentes. Como parte de esta iniciativa, publicaremos regularmente materiales sobre diseño tipográfico. Cada artículo de la serie abordará un tema útil. Y lo más importante: no solo podrás sumergirte en el mundo de la tipografía, sino también conocer a nuestro maravilloso equipo, ya que los que compartirán su experiencia serán los diseñadores tipográficos de TypeType.
Incluso si nunca has trabajado con diseño de fuentes pero siempre has querido hacerlo, ¡únete! Prometemos ofrecer la información de forma dosificada, sin abrumar con términos complicados —los explicaremos con claridad— y acompañar tus primeros pasos con recomendaciones prácticas.
Invitamos también a los profesionales del sector tipográfico: compartir experiencias y conocer los procesos de nuestros colegas siempre es útil. Esto permite ver lo familiar desde una nueva perspectiva, e incluso, a veces, encontrar inspiración para nuevos proyectos.
El tema de este artículo son los tipos de fuentes. Al habla — Yulia Gonina, directora de arte en TypeType. Las fuentes que ha supervisado con regularidad aparecen en las listas de finalistas y ganan premios en concursos como Granshan, European Design Awards, “Cirilización contemporánea”, “Festival Sreda”, entre otros.
Yulia también es autora de varias familias tipográficas del estudio (TT Livret, TT Fellows, TT Autonomous entre otras).Tal vez la hayas visto o escuchado como ponente invitada en eventos como TDC, Mail Design Conf, “Design Weekend”, o como jurado en la graduación de la escuela tipográfica Bold Italic.
P.D. Prepara papel y bolígrafo para anotar los nombres de libros que no conozcas: ¡seguro que querrás tenerlos en tu colección!

Clasificación de las fuentes
Actualmente no existe una clasificación tipográfica clara que permita categorizar con certeza cualquier fuente diseñada. Siempre habrá tipografías que se sitúen en la intersección de varios grupos.
No obstante, existen libros y recursos online con clasificaciones tipográficas detalladas. Nos detendremos en algunos de ellos.
Tipos de fuentes
La clasificación más extendida fue propuesta por Maximilien Vox en 1954 y, en 1962, fue adoptada por la Asociación Internacional de Tipógrafos (ATypI). Con el tiempo ha sido complementada y reinterpretada por diversas instituciones y teóricos, por lo que hoy existen múltiples versiones. Cabe destacar que han pasado más de cincuenta años desde que se formuló esta clasificación. En ese tiempo, han cambiado las tendencias y han surgido nuevos estilos y direcciones en el diseño tipográfico.

Quiero compartir algunas fuentes útiles que te permitirán estudiar este tema por tu cuenta y crear tu propio mapa del universo tipográfico:
- En el libro de Robert Bringhurst Los elementos del estilo tipográfico, encontrarás una cronología detallada de la evolución de los estilos tipográficos.
- Letter Fountain, editado por Taschen, ofrece una clasificación actualizada y compacta, con referencias a Maximilien Vox.
- En el sitio web designhistory.org puedes consultar un resumen breve de distintas clasificaciones y sus autores.

En este artículo no me centraré en la diversidad de clasificaciones, sino que trataré de explicar de forma sencilla y clara los grupos tipográficos básicos. Estos conocimientos serán suficientes para obtener una comprensión inicial sobre los tipos de fuentes y, sobre esta base, podrás profundizar más adelante en sistemas clasificatorios más complejos.
Empecemos con una pregunta frecuente entre principiantes: “¿Para qué sirven las clasificaciones? ¿No se puede trabajar sin saber esto?”. Por supuesto que se puede. Hoy en día, muchas fuentes se crean sin vinculación a una categoría histórica específica, y eso no es un problema. Los diseñadores tipográficos suelen apoyarse en su experiencia visual, sentido estético y tendencias actuales. Sin embargo, lo anterior aplica principalmente a profesionales con experiencia. Para principiantes, tener al menos una idea básica sobre la estructura de las fuentes les ayudará a no perderse ante tanta variedad.
Así que empecemos por lo más simple: ¿qué tipos de fuentes existen y en qué se diferencian? Imagina el esqueleto de una letra: representa su estructura. Para obtener un símbolo con grosor y rasgos distintivos, hay que “darle cuerpo” a ese esqueleto. Esto se puede hacer de distintas formas.

Si se engrosa el esqueleto de manera uniforme, obtendremos una grotesca. Si se introduce contraste entre trazos gruesos y finos —como si escribiéramos con una pluma— obtenemos una antiqua de trazo caligráfico. Si además añadimos remates al final de los trazos, tenemos una antiqua. Si volvemos a la grotesca y le añadimos remates con el mismo grosor que los trazos principales, obtenemos una slab.
Así hemos llegado a las cuatro categorías más comunes: grotescas, antiquas de trazo caligráfico, antiqua y slab. Cada una de ellas se divide a su vez en subcategorías, que se diferencian por la estructura de los caracteres y la distribución del peso visual.
Gerrit Noordzij, en su libro El trazo: teoría de la escritura, distingue dos enfoques para distribuir masa y contraste sobre el esqueleto de la letra: el contraste de trazo y el contraste por presión. Recomiendo este libro encarecidamente —o al menos añádelo a tu lista para el futuro.
Si resumimos estos enfoques de forma breve y simplificada, en el primer caso imaginamos que perfilamos el esqueleto de la letra con una pluma plana o un pincel plano, colocados en ángulo. Incluso si nunca has practicado caligrafía, es fácil imaginar cómo funciona una pluma plana: toma dos lápices, únelos entre sí y traza una línea. Saldrá fina o gruesa según el ángulo con respecto al movimiento de tu mano al sostener el instrumento.

En la tradición caligráfica de la escritura básica, es habitual colocar la herramienta en un ángulo de 30 grados. De este modo, las líneas que ascienden hacia la derecha serán finas, mientras que las que descienden hacia la derecha serán, por el contrario, gruesas. Los óvalos, en este caso, adquieren un eje de inclinación.

En el segundo caso, perfilamos el esqueleto de la letra con una herramienta que se ensancha con la presión, como un pincel o una pluma de punta fina. Volvamos una vez más a la caligrafía: aplicando presión, trazaremos las líneas descendentes, mientras que sin presión dibujaremos las ascendentes. Es un aspecto técnico importante, ya que si tomas una pluma e intentas trazar una línea ascendente aplicando presión, no lo lograrás. Así, las líneas ascendentes resultarán finas, y las descendentes, gruesas.
La diferencia de este enfoque respecto al primero es que el eje de inclinación de los óvalos será vertical, y la distribución del contraste será más estática y simétrica.

Este recorrido por la caligrafía no ha sido casual. La distribución del contraste y el eje de inclinación de los óvalos son conceptos fundamentales en el diseño tipográfico. Son el cuerpo de los signos. Comprenderlos te ayudará a orientarte dentro de las clasificaciones tipográficas.
Volvamos a ellas. Como mencioné antes, mi clasificación es muy sencilla y está lejos de ser exhaustiva, pero te permitirá establecer puntos de referencia para comprender toda la diversidad de fuentes. Me centraré en los tipos de antiquas y grotescas, ya que son los dos grupos tipográficos más comunes. Por cierto, si logras captar la lógica de esta clasificación y aplicarla por tu cuenta a otros grupos —por ejemplo, a las slab serif o a las antiquas de trazo caligráfico— comprenderás mucho mejor los principios que rigen el diseño de fuentes.
Antiqua
La antiqua humanista, también conocida como old style, se basa en las primeras tipografías creadas tras la era gótica, surgidas en la segunda mitad del siglo XV con la invención de la imprenta.
Rasgos distintivos:
- Eje del óvalo inclinado;
- Ojo pequeño en la letra “e”; en los ejemplos más antiguos, con barra transversal inclinada;
- Remates superiores prominentes, en forma de triángulo;
- Remates inferiores generalmente redondeados;
- Contraste entre trazos poco pronunciado.

La antiqua de transición recibe su nombre porque, tanto desde el punto de vista histórico como gráfico, se sitúa entre la antiqua humanista y la antiqua moderna. Se considera que las antiquas de transición surgieron a mediados del siglo XVIII. Visualmente, son más refinadas, con mayor contraste y más “dibujadas” que las antiquas humanistas.
Rasgos distintivos:
- Eje del óvalo menos inclinado que en las antiquas humanistas;
- En distintas letras (como “o”, “e”, “b”), el ángulo del eje puede variar notablemente;
- Los remates inferiores son más finos, por lo general con transición suavemente redondeada;
- Remates superiores en forma de triángulo, aunque menos masivos que en las humanistas;
- En algunas fuentes aparece un contraste muy marcado.

La antiqua moderna, o neoclásica, apareció a finales del siglo XVIII. Visualmente, este tipo de fuentes se caracteriza por un diseño racional y cuidadosamente estructurado.
Rasgos distintivos:
- Contraste muy marcado entre los trazos;
- Eje del óvalo vertical;
- Gráfica de máxima simetría;
- Remates rectos, sin redondeos ni forma de cuña.

Grotesca
La grotesca humanista se distingue de otras grotescas por una presencia más notable del contraste entre trazos gruesos y finos.
Rasgos distintivos:
- Aberturas abiertas (aperturas amplias);
- Las letras “a” y “g” suelen tener forma de doble nivel (dos partes).

La grotesca geométrica se caracteriza por formas construidas a partir de estructuras geométricas.
Rasgos distintivos:
- Los óvalos tienden a ser perfectamente circulares;
- Los arcos son simétricos;
- El contraste aparece solo como corrección óptica y no es perceptible visualmente.

Neogrotesca — es la heredera del diseño suizo.
Rasgos distintivos:
- Proporciones monoespaciadas o casi iguales entre los signos;
- Contraste escaso o inexistente;
- Óvalos con formas cuadradas;
- Aberturas cerradas.

Ahora ya tienes una visión general de las antiquas y las grotescas. Cabe destacar que, a día de hoy, siguen siendo los estilos más extendidos en el mundo tipográfico. Al comienzo del artículo también mencioné las slab serif y las antiquas de trazo caligráfico, pero además de ellas existen muchos otros grupos: fuentes manuscritas, estilos góticos e históricos, fuentes decorativas, ornamentales y simbólicas. La lista puede ser muy larga.
Además de esta breve introducción teórica, he procurado ofrecer algunas claves prácticas que te ayuden a entender en qué lógica puedes basarte a la hora de diseñar letras.
Por cierto, tener nociones de caligrafía —aunque sean básicas— realmente te será útil para comprender la lógica de construcción de los signos. Si aún no has tenido contacto con la caligrafía, toma nota de esta fuente que te servirá para adquirir nuevos conocimientos.
Me refiero al libro The Art of Calligraphy. He seleccionado capítulos especialmente útiles para iniciarse:
- Foundational Hand, de Edward Johnston — el punto de partida más común tanto para calígrafos como para diseñadores tipográficos.
- Humanist Minuscule — la base histórica de la escritura básica.
- Imperial Capitals — letras capitales que nos acompañan desde hace más de 2000 años.
- Italic и Copperplate — necesarios para comprender la lógica de las cursivas.

Clasificación histórica
La clasificación básica de las fuentes, con la que acabas de familiarizarte, se basa en la estructura de los signos.
Sin embargo, las fuentes tipográficas no existen aisladas de la sociedad y del mundo; por el contrario, son una parte inseparable del entorno artístico y existen dentro de su contexto. Por eso, es más acertado vincular la clasificación tipográfica con los estilos artísticos que se han sucedido a lo largo del tiempo.
Un recorrido histórico sobre este tema está magníficamente descrito en el libro de Robert Bringhurst “Los elementos del estilo tipográfico”. Para quienes ya están familiarizados con la evolución de los estilos artísticos en Europa —desde los primeros siglos antes de nuestra era hasta el siglo XX— esta obra será especialmente interesante. Para el resto, el libro ofrece la oportunidad de explorar un tema amplio y muy fascinante, ampliando su perspectiva cultural.
Agrégalo a tu lista de fuentes útiles, y a continuación te presento un breve extracto de la obra.
Evolución de las escrituras manuscritas
El periodo más extenso comienza con las letras monumentales talladas en piedra por los griegos, y perfeccionadas más tarde por los romanos. Como ahora sabemos, la escritura monumental romana es el modelo de referencia para nuestras letras mayúsculas actuales. Estas letras se trazaban con pincel plano, de forma natural, lo que les daba sus características: aberturas amplias, bajo contraste, óvalos dinámicos y remates elegantes y expresivos.


Las escrituras manuscritas fueron evolucionando y aparecieron distintas variantes según su propósito o según la región. De todas ellas, la que más nos interesa es la minúscula carolingia, desarrollada alrededor del siglo VIII durante el reinado de Carlomagno. Esta minúscula se trazaba con una herramienta de punta plana y, con el tiempo, se convirtió en el modelo de las letras minúsculas actuales.

Primeras fuentes tipográficas
Tras la invención de la imprenta en Alemania hacia el siglo XV, la escritura manuscrita vigente en ese momento y lugar quedó fijada en metal. En aquel entonces, se trataba de la escritura gótica.

Sin embargo, no tardó en llegar esta innovación a Italia, donde poco a poco comenzó a transformarse en una forma más cercana a la que hoy conocemos.

Renacimiento
Bastante pronto, ya en el siglo XV, las fuentes tipográficas dejaron atrás la gótica alemana y se transformaron en la minúscula humanista italiana, que se desarrolló en la península itálica. Los maestros imitaban esta escritura con pluma de punta ancha y heredaron sus características: contraste moderado y eje dinámico en los óvalos, remates expresivos, trazo medio inclinado en la letra “e”, óvalos redondos y terminaciones no redondeadas. ¿Ves el parecido con la inscripción monumental romana que mencionamos antes?
Ejemplos de autores: Nicolas Jenson, Claude Garamond

Al mismo tiempo aparecieron las primeras fuentes cursivas, basadas en escrituras manuscritas muy comunes en aquella época. Un ejemplo destacado es Ludovico Arrighi (Ludovico Vicentino degli Arrighi), escribano papal y autor de un manual sobre escritura cursiva. Más adelante, desarrolló sus propios alfabetos cursivos.
Se considera que la primera fuente cursiva fue diseñada por Francesco Griffo para la imprenta de Aldo Manuzio (Aldus Manutius).
Ejemplos de autores: Francesco Griffo, Ludovico Arrighi.

De las características principales de estas cursivas se puede destacar la inclinación humanista de los óvalos y la dinámica general del estilo, similar a la de los diseños rectos. Las formas estrechas son notablemente más delgadas que sus versiones en redonda, lo cual se aprecia especialmente en los signos redondos, que pasan de forma circular a ovalada. La inclinación general es de unos 10 grados, aunque en las primeras cursivas las letras mayúsculas no estaban inclinadas.
Curiosamente, durante un tiempo bastante largo, las itálicas coexistieron con las redondas sin usarse en combinación.
Dentro del Renacimiento puede destacarse una subcategoría particular: el manierismo. Las inscripciones de esta corriente se caracterizan por sus elegantes “excesos”, como florituras o formas deliberadamente angulosas. Fue en este periodo cuando las imprentas comenzaron a combinar letras redondas e itálicas dentro de una misma obra, e incluso se incorporaron letras mayúsculas inclinadas a los alfabetos cursivos.

Barroco
Poco a poco, las fuentes se alejaron del carácter manual y humanista, adoptando un diseño cada vez más dibujado. Esta transformación se aprecia claramente en las fuentes de la época barroca.
Las características principales de las tipografías barrocas son la variación en la inclinación de los óvalos, un contraste mayor en comparación con las fuentes humanistas, y formas más precisas, especialmente en los remates, que se volvieron más agudos. Las aperturas son más cerradas y los terminales adoptan formas similares a gotas. La inclinación de las cursivas aumentó, alcanzando los 15–20 grados.
Ejemplos de autores: William Caslon, Miklós Kis, Jean Jannon, Christoffel van Dijck.

Rococó
Existen muy pocos representantes tipográficos de este estilo, razón por la cual a menudo se agrupan con las fuentes de la época barroca. El rococó se distingue por la incorporación de elementos decorativos sutiles en las letras, que podrían definirse como refinadas exageraciones.
Como ejemplo se pueden citar las tipografías de los holandeses Joan Michaël Fleischman y Jacques-François Rosart.

Neoclasicismo
En el neoclasicismo, las formas se volvieron más estáticas y racionales. Aún se percibe la lógica del trazo con pluma de punta ancha, pero el eje de los óvalos pasa a ser, en su mayoría, vertical. Las letras claramente han sido dibujadas, no escritas. Los remates en estas fuentes son finos, planos y con terminaciones redondeadas. La cursiva conserva las mismas características que en el periodo barroco, con una inclinación que ronda los 15 grados. El estilo gráfico general es sobrio, sereno y racional.
Ejemplos de autores: Fournier, Baskerville, Bell.

Romanticismo
Esta corriente se desarrolló en paralelo al neoclasicismo, entre los siglos XVIII y XIX. Aquí se observa un cambio fundamental en el estilo gráfico de las fuentes. Todas las corrientes anteriores se basaban en la escritura con pluma de punta ancha, que genera una transición suave entre trazos gruesos y finos. Más adelante se popularizó el uso de la pluma de punta fina, y las fuentes comenzaron a seguir esa nueva tendencia. En el romanticismo se aprecia un cambio brusco en el grosor de los trazos, acompañado de un eje vertical muy marcado en los óvalos. Otras características incluyen la transformación de las gotas en círculos definidos, remates finos y rectos, y aperturas cerradas. Las cursivas también adoptaron esta nueva lógica de contraste: se ensancharon y comenzaron a parecerse más a los diseños rectos en su forma. Pasaron de ser creaciones independientes a convertirse en compañeras tipográficas de las versiones en redonda.
Ejemplos de autores: Didot, Bodoni, Walbaum.

Realismo
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, irrumpieron en escena las grotescas y las slab serif. Aunque su apariencia es tosca y contundente, su esqueleto deriva de las fuentes del neoclasicismo y del realismo. Las principales características de esta corriente son el contraste bajo o inexistente, los remates rectangulares y pesados —o su ausencia—, y las aperturas cerradas.
Ejemplos de autores: Akzidenz Grotesk, Clarendon.


Modernismo
La paleta tipográfica del modernismo es amplia, pero todas sus manifestaciones comparten una intención común: aportar algo nuevo, esquematizar las formas y aspirar a una estética internacional, es decir, desvinculada de las tradiciones nacionales.
Uno de los exponentes más reconocidos del modernismo es Gill Sans, diseñado por Eric Gill en 1926. Hoy en día, esta fuente se clasifica dentro de las grotescas humanistas. Gill Sans se basa en las proporciones clásicas romanas, presenta aperturas abiertas y un diseño expresivo y fluido.

Otro de los grandes referentes del modernismo es Futura, diseñada por Paul Renner en 1927. Al igual que Gill Sans, esta fuente tiene proporciones cercanas a las clásicas, aunque su diseño es puramente geométrico, casi como si hubiese sido trazado con compás y regla. Cuando hablamos de grotescas geométricas, lo primero que suele venir a la mente es Futura.

Uno de los tipos más emblemáticos del modernismo es Helvetica (originalmente Neue Haas Grotesk), desarrollada en 1957 por Max Miedinger a partir de la fuente Akzidenz Grotesk. Tras su lanzamiento, se difundió rápidamente por todo el mundo, convirtiéndose en símbolo del diseño suizo. Helvetica, junto con otras fuentes similares, suele clasificarse dentro del grupo de las neogrotescas.

Posmodernismo
El posmodernismo surge a finales del siglo XX e integra bajo su paraguas todas aquellas corrientes que no pertenecen al modernismo. Al igual que en el arte posmoderno en general, las fuentes de esta época se caracterizan por la mezcla de estilos, las alusiones a formas históricas con la incorporación de tecnologías contemporáneas, y una expresividad basada en el juego y la aparente aleatoriedad. Sin embargo, no se trata de caos, sino de una estética construida desde el desmontaje de lo clásico hasta su reinterpretación consciente. Un ícono del posmodernismo en el mundo tipográfico es el estudio estadounidense Emigre Fonts.

Sin duda, hay muchísimo más que decir sobre las fuentes tipográficas. Pero un exceso de información solo genera ruido mental, y más aún teniendo en cuenta que los libros mencionados aquí pueden acompañarte durante muchas veladas llenas de descubrimientos.
Te dejamos con nuevas ideas… y una lista de las fuentes citadas a lo largo del artículo.
Lista de fuentes citadas:
- Robert Bringhurst. Los elementos del estilo tipográfico
- Gerrit Noordzij. El trazo. Teoría de la escritura
- https://www.letterfountain.com/classification.html
- http://www.designhistory.org/Type_milestones_pages/TypeClassifications.html
